Peziza venosa, Alveolas.
Descripción:
El receptáculo de la mayor de las pezizas, hemisférico de joven, enseguida se despliega en forma de copa pardo-leonada. El exterior, blanco amarillento, finamente granuloso por entero, se denomina furfuráceo. El margen, ondulado, lobulado, muy frágil, se quiebra con la edad y aparecen en él incisiones más o menos profundas. La parte fértil, interna, se caracteriza por la presencia de venas irregulares, parecidas a las varices, en ocasiones distribuidas en forma de red densa. El pie, achaparrado y plisado, blanquecino, parece ausente a primera vista. Enterrado, fija solidamente el hongo al suelo. La carne, blanquecina como el pie, quebradiza, libera en fresco un claro olor a lejía.
Dónde y cuando encontrarla
Las Alveolas, se agazapan en la tierra en los sotobosques, con frecuencia a la orilla de los cursos de agua, durante la primavera, en los mismos sitios y época que las colmenillas, convirtiéndose así en una buena chivata de las mismas.
Interés y cualidades culinarias
El olor desagradable de las alveolas desaparece con la cocción, y el hongo proporciona así platos apreciables, para algunos de igual calidad que las colmenillas, de las que es pariente muy próxima. Buen comestible después de cocción prolongada o disecación previa y rehidratación para cocinarla. Las morchellaceas como esta peziza no deben consumirse crudas o insuficientemente cocidas, ya que contienen una toxina que causa un síndrome hemolítico (destrucción de los glóbulos rojos). Un consumo muy repetido de setas frescas también puede provocar problemas gástricos. Por estas razones, es imprescindible secar las morchellaceas, ya que la disecación elimina las toxinas que contienen.